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Flash: Del magnesio al xenón

Flash: Del magnesio al xenón

1839 es el año en el que se registra la que podría ser la primera “fotografía” a medio camino entre flash y luz continua de la historia, de la mano del inglés Levett Ibbetson, quien, mezclando oxígeno e hidrógeno a través de una llama, plasmó en microfotografía un coral. No se trató de un flash breve, ya que debido a los largos tiempos de exposición que registraban las cámaras en aquellos momentos, hubiera sido imposible captar la escena.

Dos años después fue David Octavius Hill, quien se valió del mismo mecanismo que había patentado Ibbetson para iluminar sus retratos. 

En 1887, los inventores alemanes Adolf Miethe y Johannes Gaedicke se valieron de polvo de magnesio mezclado con clorato potásico y sulfuro de antimonio. Esta fórmula fue empleada especialmente en fotografía nocturna.

La fórmula tenía que perfeccionarse ya que el magnesio, al ser un material altamente inflamable e inestable, tenía alta peligrosidad tanto para el fotógrafo, como para los modelos -si las fotografías se realizaban en estudio, muchas veces sufrían quemaduras-.

En los 90 del siglo XIX, Louis Marie-Auguste Boutan, crea la primera cámara subacuática y realiza la primera fotografía submarina. Junto con esto es el primero en retener el polvo de magnesio en un recipiente de cristal.

Durante la misma época, destacan las hojas de colodión bañadas en magnesio, denominadas Flash Sheets. Éstas, se colocaban en superficies como paredes, árboles… (situaciones donde es necesitara lo que hoy sería el flash) y se prendían con una mecha.

En 1925 el alemán Paul Vierkötter, se valió de filamentos de magnesio y una estructura de cristal, para inventar así la primera bombilla para flash. Aunque se desarrollaron grandes avances con respecto a la sincronización del flash con la cámara, no era suficiente y se quedaban cortos, por lo que es hasta los años 30 del siglo XX, cuando el flash de polvo de magnesio comenzaría a ser reemplazado por los flashes de lámpara, gracias a los avances llevados a cabo por Johann Ostermeyer.

Los flashes de lámpara eran bombillas constituidas en su interior por un filamento de magnesio encerrados de forma hermética en una atmósfera de oxígeno. Estas bombillas eran de un solo uso. Se encendían a través del obturador de la cámara. Más tarde el magnesio fue sustituido por otro metal que hasta entonces no había tenido aplicación práctica: el circonio. Este metal producía destellos aún más brillantes que el magnesio.

En 1926 el fotógrafo e ingeniero Harold Eugene Edgerton había desarrollado un tubo de flash capaz de producir destellos luminosos. En 1934 produjo junto con el ingeniero Herbert E. Grier  el contacto eléctrico con el que poder sincronizar flash y película. Buscaban ser capaces de congelar objetos en la toma fotográfica, que se desplazaran a gran velocidad. Inventan así a finales de los años 30 el flash electrónico. A finales de los 60 destacaron inventos como el Cuboflash (permitía cuatro disparos) y el Flipflash (permitía diez).

En la actualidad, el flash electrónico se encuentra formado por una antorcha, y un generador -éste último incorpora la circuitería necesaria para la alimentación de la antorcha-. En la antorcha se encuentra el tubo de gas de xenón, al que, produciéndole una descarga eléctrica de alta intensidad, emite el destello luminoso.