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Un poco de historia de las cámaras mirrorless

Un poco de historia de las cámaras mirrorless

Una mirroless es una cámara digital con ópticas intercambiables, caracterizada principalmente por la ausencia de un espejo móvil que permita mostrar lo que llega a la cámara a través de la lente. En su lugar el propio sensor genera una imagen que se envía al Viewfinder y/o la pantalla correspondiente.

Cada día que pasa es una de las opciones más populares, llegando a superar a algunos fabricantes clásicos de cámaras DSLR en mercados importantes, como por ejemplo el americano.

Aunque en la actualidad las mirrorless más populares imitan en funcionamiento a las DSLR que han copado el mercado durante décadas, originalmente la primera cámara sin espejo digital era una evolución de las cámaras telemétricas como las Leica M.

El sistema telemétrico popularizado por Leica, permitía superponer dos imágenes y hacerlas coincidir calculando automáticamente por triangulación la distancia con el enfoque y esto se traducía al sistema de enfoque de la cámara. Al no disponer de un sistema de espejo como las DSLR, se prescinde de la trepidación que causaría dicho espejo aportando imágenes más nítidas con tiempos de exposición más largos.

Aunque el problema de paralaje entre la imagen que capta el sensor y lo que se ve por el visor hacía que no fuese la mejor opción para según qué tipo de fotografía, las cámaras telemétricas fueron durante muchos años más populares que las SLR que tardaron en coger tracción. Y esto no fue hasta que se empezaron a integrar sistemas de fotometría a través del objetivo, como con las primeras cámaras Pentax Spotmatic.

La primera telemétrica digital (y, por tanto, la primera mirrorless moderna) fue la Epson R-D1 el 2004, a la que poco después, en 2006, le siguió Leica con su M8.

Por supuesto, en esa época casi todos los sensores eran CCD, que aporta una excelente reproducción de color, pero no permitía algo que hoy en día damos por sentado, ver en directo la imagen que llega al sensor, al menos en cámara fotográficas. Por eso durante unos años las únicas sin espejo eran telemétricas que tenían un sistema que permitía enfocar y encuadrar sin necesidad de usar un prisma.

Alrededor del 2008, Olympus y Panasonic presentan su sistema Micro 4/3 que supone una evolución del sistema 4/3 para DSLR, compartiendo especificaciones de sensor muy parecidas sino iguales. La mayor diferencia es la eliminación del espacio para un espejo y un pentaprisma, reduciendo la distancia de registro (la distancia de la montura al plano focal) a unos 19.25mm. Esta distancia tan reducida permitía a la practica poder adaptar cualquier tipo de objetivo a la nueva montura, lo que aportaba una versatilidad que no tiene el sistema SLR.

Esto sumado a un sensor con tecnología CMOS permitía diseñar cámaras más parecidas a lo que tenemos hoy en día, convirtiendo a ambas compañías en los principales fabricantes de cámaras sin espejo durante muchos años, adelantándose al resto de fabricantes.

Por supuesto este tipo de cámaras aún tenían muchas desventajas sobre las DSLR, el producto más popular entre los profesionales. Las principales, la calidad de imagen de los sensores CMOS versus CCD y el autoenfoque. La primera desventaja se supero rápidamente, al mejorarse muy rápidamente la tecnología CMOS, que pronto sustituyó al CCD en la mayoría de modelos de cámara, incluidos los Top de gama DSLR.  Además, el poder ofrecer opciones avanzadas de video gracias al cambio de sensor, fue lo que acabó de convencer a todo el mundo para el cambio y lo que acercó las mirrorless cada vez más al mercado profesional.

Aunque ya existían cámaras sin espejo de sensor completo, como las Leica, no fue hasta la llegada de Sony al mercado que acabó catapultando esta categoría de cámaras al nivel al que está hoy.